sábado, 10 de septiembre de 2011

ISIDRE MONÉS: portadas de la Colección Naranja de ciencia ficción


La literatura es mi gran pasión.
Los libros me han acompañado desde siempre en los mejores y los peores momentos de mi vida, llenándome de sueños y abriéndome las puertas a mundos desconocidos o a la realidad más inmediata. Los mejores viajes los he hecho leyendo, y el mayor número de amigos -de los que nunca fallan- se encuentra en mi biblioteca, apilados por grupos en los anaqueles que se les ha asignado.
Hay relatos que resuenan en mi mente como una hoguera interminable -caballos de madera, sonrisas en la sombra, soldados que se alejan-, y hay historias que vienen a mí para recordarme las emociones más profundas, los instantes inolvidables en los que he renacido una y otra vez en mil destellos incomprensibles.
El misterio de la lectura... el hechizo de los libros...
La manera más extraña, sin duda, de llenar los huecos de nuestro corto itinerario hasta el último adiós.
* * *

En cuanto que filólogo, soy amante y estudioso de los clásicos -especialmente de los medievales-, pero siempre he leído obras contemporáneas e incluso me ha gustado mecerme en las mieles de los subgéneros.
Entre varios de ellos, el campo de la ciencia ficción es el que más he visitado y del que más ejemplares poseo -colecciones enteras, desde Nebulae hasta Acervo, pasando por Minotauro, Martínez Roca y Ultramar-. Tuve la suerte, además, de publicar algunos relatos de mi cosecha en los viejos fanzines de los años ochenta, cuando la ciencia ficción española se hallaba posiblemente en su mejor reválida -Juan Miguel Aguilera, Rafa Marín, Ángel Torres Quesada, César Mallorquí, Rodolfo Martínez-.

De aquella época son estas atractivas portadas del gran ilustrador Isidre Monés, correspondientes a la Colección Naranja de ciencia ficción, de la editorial Bruguera. En esta colección se publicaron obras de enorme relevancia dentro del género a nivel internacional, como Pórtico de Frederick Pohl, El último viaje y El avatar de Poul Anderson, El hombre en el laberinto de Robert Silverberg y El hombre terminal de Michael Crichton, además de los excelentes relatos de Asimov, Aldiss y Bradbury que componen el primer número, provenientes de la prestigiosa revista norteamericana Fantasy & Science Fiction.

Los dibujos de Isidre tienen el encanto de aquellos años de efervescencia anticipatoria y muestran a las claras el buen hacer de un artista multifacético, capaz de las más tenebrosas viñetas -en Dossier Negro, 1984, Creepy- o de las portadas más sugerentes, ahítas en la más rica fantasía.








7 comentarios:

  1. Bella biblioteca y bellas ilustraciones de Monés, que ya no recordaba. Hay afinidades electivas que me resultan fascinantes. Estoy algo contaminado de lo que acabo de escribir: ¡la biblioteca es el cielo!
    Un abrazo, Jesús.

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  2. Opino de forma parecida, amigo Clement:
    la biblioteca es el cosmos, con sus galaxias infinitas y sus cuásares hiperlumínicos,
    con sus lluvias de estrellas y sus nebulosas impenetrables.
    Nuestros sueños vagan por una inmensidad de palabras y claroscuros.

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  3. Buenas portadas claro q si!!
    Saludos :)

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  4. Gracias, Sebas. La verdad es que son unas portadas llenas de un encanto especial.
    La ciencia ficción literaria es fundamental en mi particular historia como lector y escritor.

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  5. Preciosas portadas, por suerte hay una biblioteca bien provista en casa que incluye un par de esos ejemplares.

    Saludos

    __________________________
    www.artbyarion.blogspot.com

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  6. Gracias Arión.
    Intuyo que te gusta la ciencia ficción literaria, por lo que es muy probable que empaticemos.

    Un saludo cordial.

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  7. Gracias Jesús por rescatar esas portadas.
    En aquellos primeros 80, aterrizaron en Bruguera dos grafistas argentinos, Neslé Soulé y Espagnuolo, diseñaron y dirigieron varias colecciones , debí caerles bien, pues me encargaron 4 ,dos mensuales y dos semanales. "Club de Misterio" y "Club Joven" (200 portadas) y "Serie Naranja" y "Biblioteca Roja" literatura infantil, unas 30.
    Cuando terminó Briguera, me costó cobrar algun trabajo, pero cobré al fin.
    Lastima que no recuperé ninguna de las tropecientas cubiertas, per eso es otra historia.

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