sábado, 3 de noviembre de 2012

Tres versiones de Poe: Battaglia, Corben, Salvador.

"Durante todo un día de otoño, triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país; y, al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher"


 Así , con estas palabras que, tan sugestivamente, nos sumergen en una atmósfera cargada e inquietante, da comienzo “La caída de la Casa Usher, el terrible y extrañamente hermoso relato de Edgar Allan Poe. 

Tratar de llevar al cómic los textos del genial poeta de Boston se me ha antojado siempre una labor destinada al fracaso. Los intentos han sido numerosos, y, puedo decir que, por mucho interés que he puesto en su lectura, ninguno ha conseguido crear, ni siquiera remotamente, un poso parecido al que las palabras del escritor dejan en el ánimo de uno cuando termina uno de sus relatos. El que ahora nos incumbe es, sin duda, uno de sus cuentos más paradigmáticos, y, como era de esperar, los autores de cómic no se han podido resistir a la extraña fascinación que ejerce cuando es leído y releído. Dino Battaglia, Martín Salvador, Richard Corben; tres dibujantes dispares, que lidian con diferentes medios y obtienen resultados muy distintos.
Photobucket

Dino Battaglia

Battaglia siempre ha sido uno de mis dibujantes más admirados, y su acercamiento al relato de Poe no deja de ser, en parte, cautivador. De las tres adaptaciones de que hablamos, la del italiano es la que más ahonda en el posible aspecto onírico del cuento. Su estilo gráfico está, como de costumbre, alejado de tópicos: lírico, innovador, delicado, atento al detalle y, sin duda, el de más estilización de los tres. Su planificación parece muy medida, pero, a la vez, con ese gran número de viñetas sin marco, el más abierto a la ensoñación y a la personal interpretación de quien se asome a sus páginas. Por decirlo de algún modo, su registro gráfico y su narrativa podría remitirnos a algún film de tipo onírico y fantasioso de, por ejemplo, Jean Cocteau. Por lo demás, Battaglia ciñe su adaptación a nueve páginas, con lo cual, el texto de Poe y el desarrollo de la psicología de los personajes queda relegado a formas seguramente demasiado escuetas y simples como para que esta adaptación se acerque siquiera a las hondas sensaciones que nos provoca la lectura directa del cuento.


Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Richard Corben.

El acercamiento de Corben es, como cabía esperar, diametralmente diferente. Lejos de las exquisiteces del italiano, la narrativa de Corben se muestra más aparatosa y abrillantada, con gran despliegue pirotécnico de travellings, panorámicas, fundidos, transiciones, zooms, y toda suerte de efectos más propios del cinematógrafo. Por seguir con la comparación fílmica, su adaptación tiene ese aire de las películas de terror de los años setenta, donde la cámara cobraba un protagonismo en ocasiones desmedido. No obstante, el dibujante de Kansas cuenta, lo que cuenta, estupendamente, y hay escenas en las que brilla su sentido de la puesta en escena, como ése final, el más espectacular de los tres, en el que asistimos al hundimiento de la mansión en la laguna. Por otro lado, si bien Corben es el único de los tres (claro que su adaptación se va hasta las veintitantas páginas) que narra perfectamente las extrañas enfermedades que se ceban sobre el último de los Usher, resulta bastante incómodo el asistir a las licencias que se toma respecto al original, introduciendo una escena fuera de lugar en la que Madeline se introduce en el lecho del visitante y le dice que la salve, que su hermano quiere matarla, o todo lo referente a los antiguos muertos Usher, quienes, flotando en la laguna dentro de sus ataúdes, parecen querer arrastrar a Roderick a su final. Tampoco la sempiterna afición de Corben a dibujar desproporcionadas carnosidades y mamas, en este caso a una ¿agonizante? y, por tanto, ¿famélica? Madeline, ni su dibujo caricaturesco y cabezón, algo grotesco a veces, ayudan a meternos de lleno en la historia, aunque el dibujo de la mansión y su ambientación no deje de estar cuidado. En el haber del de Kansas, deberemos poner, eso sí, que haya plasmado en el rostro del protagonista el del mismo Poe, lo cual dota de una cierta trascendencia al relato, haciéndonos ver como si el propio escritor hubiese vivido la experiencia y fuese luego a coger la pluma para ponerlo en palabras y hacérnoslo llegar.



Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Martín Salvador.

Y pasamos ahora a la tercera de las adaptaciones, la dibujada por Martín Salvador. La adaptación es del guionista todo-terreno Rich Margopoulos, quien, en tan sólo ocho páginas, y gracias a un buen número de textos de apoyo en los que el protagonista nos cuenta la historia, consigue introducirnos algo más en las honduras del espíritu de esta historia terrible. Creo sinceramente que, si no hubiéramos leído el relato de Poe, sería esta adaptación la que más podría darnos una idea, siquiera superficial, del cuento del insigne poeta. Además, cuenta con el dibujo de un Salvador en estado de gracia. Narrado sin ostentaciones, con un gran rigor y concisión en su razonable distribución en viñetas, el dibujo de Martín alcanza cotas de belleza y elegancia reservadas a los grandes pinceles del medio. Mancha con profusión y sabiduría, no desatiende las expresiones de los personajes, escenifica la Mansión y sus alrededores primorosamente, va espesando el ambiente hasta el clímax final y, junto a la selección de textos de Margopoulos, entiendo que nos brinda la versión más equilibrada de estas tres de las que estamos dando cuenta, y todo ello en ocho escuetas páginas, una menos de las utilizadas por Battaglia. Un loable intento el de este tándem por escanciarnos algo de las esencias del maravilloso cuento original.
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Photobucket
Quisiera terminar este sucinto análisis desmintiendo vigorosamente ese fatal dicho que apunta que “más vale una imagen que mil palabras”, tan gastado por el tiempo y por el uso tan errado, maniqueo y falso. Desde luego, si nos centramos en este intento de adaptar el relato de Poe, bien podemos decir que no una, sino mil imágenes, mal pueden acercarse siquiera a susituír a alguno de los párrafos de este singular cuento, que nos arrastra con la delicada exquisitez de su prosa y su horror hasta su inolvidable e implacable final.

12 comentarios:

  1. El colorido de Corben, que tanto me gusta en relatos ambientados en mundos de ficción,resulta un poco chirriante en estos relatos. Y quizas haga al dibujo demasiado descriptivo, dejando poco al lector. Prefiero Battaglia y su elegante y sobrecogedora propuesta gráfica.

    ResponderEliminar
  2. La propuesta gráfica de Breccia con El corazon Delator me parece mas acertada. Breccia sabía que no podía conseguir transmitir los efectos de la prosa de Poe, por lo que se apartó de ella para volcarse en el lenguaje secuencial.

    ResponderEliminar
  3. Claro, es que Breccia era un artista de más altas miras, alguien que no sacrificaba sus principios por propuestas más comerciales, mientras que Corben, por ejemplo, sí pretende, creo, ser un autor que llegue al mayor número de lectores. La elección del color de Corben para esta adaptación de Poe es, como siempre, muy personal, aunque yo creo que es su deformación de las proporciones humanas y su empeño en "remendar" algunas cosas del genio de Boston lo que le hace a uno, cuando lee la historieta, "salirse" de ella. Más racional, más prudente, menos irrespetuoso, si se quiere, el acercamiento de Margopoulos y Salvador; y más elegante, como bien dices, Emilio, Battaglia, quien parece plantear sus sinceros respetos a Poe, aun trayendo luego el relato a su propio terreno.

    ResponderEliminar
  4. Pues encuentro muy enriquecedoras las tres versiones. Teniendo en cuenta aquel recurrente mantra de que adaptar es traicionar y partiendo de la base de que cada aportación es "de su padre y de su madre", osea, totalmente personal del autor, no veo perjuicio alguno en que estos titanes se hayan alejado de la plasmación canónica y absolutamente fiel del relato de Poe en pos de lo que no deja de ser su visión del texto.

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  5. No, si las tres versiones tienen su interés, Fran, no cabe duda. Sería una pérdida de tiempo traer aquí tres historietas que fueran infumables, y, desde luego, no es este el caso, ya que estamos ante una muestra muy interesante y diversa de lo que una adaptación por parte tres estupendos autores puede dar de sí.

    Lo que yo me planteaba al hacer el breve análisis de estas tres adaptaciones era lograr entender si alguna de ellas había conseguido llevar a la viñeta el tipo de sensaciones y sugerencias que el relato original lleva impregnado hasta el tuétano. Sinceramente, creo que el resultado es, en ese sentido y en los tres casos, irregular y fallido, con todo mi respeto y admiración por estos artistas. Pero, bueno, también admito que ellos no tenían, acaso, por qué tener esa intención al realizar el trabajo.

    Creo que era Hitchcock quien decía que él leía un relato o una novela que le interesaba, luego la tiraba a la papelera, la olvidaba, y realizaba con lo que le había interesado la película que él buscaba. Y así le fue muy bien, desde luego.
    Y me pregunto si, en muchas ocasiones, no sería más, no sé honesto¿? obrar así: leer este o aquel relato, quedarnos con sus sugerencias e impresiones, y luego hacer algo de distinta trama pero que contenga buena parte de esas vibraciones que nos han atravesado la piel.
    En el caso de este relato de Poe, es tal el poder de evocación y sugestión de las palabras del poeta que las tres adaptaciones, por muchos aciertos que pudieran albergar, entiendo que están lejos de hacernos sentir lo que el texto de origen consigue.

    De todas formas, Fran, tu punto de vista es muy equilibrado, y, en el fondo, puedo compartir perfectamente la visión de que una versión no ha de ser necesariamente mejor por seguir fielmente cada uno de los recovecos de la obra original.

    Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo, sobre todo, aconsejaría no tirar libro alguno a la papelera. Es como abandonar a un amigo, a un ser querido.

      Eliminar
    2. Respecto a Poe, qué decir: su escritura es tan demencial como maravillosa.
      Un autor de puro genio, atormentado y delirante, pero creador insuperable, visionario de los mayores terrores y de las peores soledades. Sus narraciones son de una fuerza narrativa sin precedentes en la literatura.
      Y su Gordon Pym es quizá la historia más espeluznante que vieron los siglos.

      Eliminar
  6. Las tres versiones son interesantes en sus distintos estilos, de todos modos, ante el gran prestigio de dos artistas como son Corben y Battaglia yo quiero romper una lanza en favor de Martín Salvador, un dibujante que me apasiona.

    Estoy disfrutando con los archivos de Creepy y Eerie, entre otras cosas por las historietas de Santiago Martín Salvador, un artista que siempre parece que queda en un segundo lugar en comparación a otros componentes de aquella "Armada Española" que desembarcó en los magazines de Warren durante los 70, como Maroto, Ortiz, Beà o García, pero que en mi caso particular me gusta tanto o más que muchos de sus ilustres compañeros.

    Tal vez su clasicismo jugara en su contra frente a la magia desbordante de Maroto, por poner un ejemplo, pero a mi su dibujo me enamora y lo considero uno de los artistas más infravalorados de la historia del cómic.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo con Mo. La magia de Martín Salvador reside seguramente en que, sin ser un autor tan espectacular como otros, consigue mostrar un auténtica genialidad en sus propuestas, siempre abarrotadas de talento.

      Eliminar
  7. Las tres son fantásticas, cada una en su estilo, pero quizás la que mas me emociona es la de Battaglia, creo que trasmite mejor las sensaciones del relato de Poe, aunque eso es muy difícil y creo que se quedan un poco cortos los tres.
    De todas Formas, como dice "Mo", los trabajos de Martín Salvador para Warren son fantásticos , sus historietas son magnificas, pero poco valoradas en nuestro país.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  8. Sí, sí, ya lo creo que Martín es fantástico, amigo Mo. Yo soy de su club de fans sin ningún pero posible. Y ya os digo que, al menos de estas tres versiones de Poe, su dibujo es el que más me gusta.
    De hecho, su Dick Turpin me parece una de las cumbres del dibujo de la historieta española, así tal cual, oigan. Contiene viñetas sencillamente imposibles de mejorar, y su dibujo de la figura humana, tan proporcionado y medido, guardando tan bien el parecido en los rostros, denota la marca de un gran artista. Por cierto que (y en Dick Turpin se demuestra a la perfección), Martín podía dibujar caballos de manera excelsa, rivalizando incluso con los del, quizá, más sobresaliente dibujante de équidos que te puedas echar a la cara, a saber, el gran Jose Luis Salinas.
    Estoy con Francisco en que la versión más emotiva es quizá la de Battaglia, más delicada y sensible; Y cómo no coincidir con Jesús en cuidar mucho los libros, esos impagables compañeros de vida. Lo de tirarlos a la papelera supongo que era una manera de decirlo de Hitchcock, quien supongo era también un atento lector.
    Y comparto del todo tu visión de Poe, Jesús. Tu adjetivo "demencial" define sin error su tipo de escritura en muchos de sus relatos. Insano, enfermizo, desequilibrado, podrían ser otros términos adecuados a este poeta y prosista genial. Uno no se cansa nunca de releer su Gordon Pym, ¿verdad?

    ResponderEliminar