sábado, 24 de mayo de 2014

CASPAR DAVID FRIEDRICH

4 comentarios:

  1. Sigue la sintonia: Este es uno de mis referentes, tiene como ingrediente de su genio, quizas lo que más valoro en una obra de arte: Que logre inquietarme.
    Recuerdo que conversando con Beá hace unos 45 años, en una de las muchísimas cosa que estábamos de acuerdo, es que el arte debe inquietar, remover sentimientos, si me apuras, dar un poco de miedo.
    Es aquello de "lo terrible y lo sublime" del romanticismo.
    Friedrich, como hiciera tambien Fortuny más tarde, gustaba de vestir a sus personajes a la moda antigua, eso les da cierto aire de atemporalidad y en ocasiones cuesta situarlos en el tiempo.
    Jugando a las semejanzas, el cuadro "La grande reserva" de 1832, guarda similitud en cuanto a la ilusión de 3 dimensiones que consigue dar a la zona pantanosa del primer plano, a otro del 1877 ( de más de 2 metros) del gran pintor catalan Vayreda, ambos son prodigios de perspectiva.
    Los personajes de espalda, como orantes observadores ante la inmensa maravilla divina de la naturaleza, han quedado como todo un simbolo de su arte.

    ResponderEliminar
  2. Estoy encontrando por la web auténticas maravillas que me gusta compartir. Tienen que gustarme (primer requisito) pero además, tienen que tener un gran tamaño (segundo e ineludible requisito).

    La Tate Gallery tiene de Turner unos fondos increibles.

    ResponderEliminar
  3. Cada vez que veo los cuadros de Caspar Friedrich pienso en William Hope Hodgson

    ResponderEliminar
  4. La verdad es que son inquietantes esos paisajes con la sola presencia e una persona a la que no se le ve el rostro.

    ResponderEliminar